
LA HABANA.- La revolución cubana cumple 50 años este primero de enero apremiada por desafíos económicos y políticos, de cuya solución depende su supervivencia cuando ya haya desaparecido la veterana generación histórica de Fidel y Raúl Castro.
Los jóvenes barbudos que en 1959 tomaron el poder promedian 76 años y ya consumieron dos años y medio de Fidel Castro retirado por enfermedad, pero vivo, como eje para lograr la unidad, una tarea imprescindible proclamada por los sucesores.
Un cierre de filas que ven más necesario cuando Barack Obama llega a la Casa Blanca con anuncios de cambiar la política hacia Cuba -diálogo y alivio al embargo-, lo que para ideólogos cubanos plantea un reto al gobierno comunista, acostumbrado a medio siglo de choque frontal.
Desde que se alejó del poder el máximo líder de 82 años, el gobierno presidido por Raúl Castro redobló el llamado a la unidad, negando pugnas y corrientes de ortodoxos o reformistas.
“El Estado deberá enfrentarse a la ausencia del liderazgo histórico y a una nueva reconstrucción de la legitimidad del sistema político”, advierte el académico opositor Rafael Rojas.
Fuera de la isla y en la oposición interna se espera una transición que el régimen descarta: “después de las vidas ofrendadas y tanto sacrificio defendiendo la soberanía y la justicia, no se le puede ofrecer a Cuba en la otra orilla el capitalismo”, escribió Fidel Castro recientemente.
La Cuba revolucionaria de 11 millones de habitantes tiene amplio desarrollo en educación, valioso capital humano, pero tremenda dependencia externa en alimentos, energía, bienes de consumo, tecnología y transporte.
El problema de la vivienda es grave, aún más luego de tres huracanes este año, el salario no alcanza para nada (17 dólares al mes), hay cansancio en una población que ha vivido décadas de limitaciones y escasez, y los jóvenes emigran en busca de oportunidades.
Millones de cubanos que participaron en debates reclamaron ampliar el trabajo privado frente a la dominante empresa estatal, menos control y vigilancia política en la vida social, altamente ideologizada. Pero al describir una realidad adversa el sábado en el Parlamento, Raúl Castro anunció un fuerte ajuste, posponiendo cambios de mejoras económicas y flexibilidades sociales que esperaba la población, aunque, aclaró, no quedarán “engavetadas”.
El gobierno reconoce la necesidad de corregir deformaciones del modelo actual y las exacerbadas en la crisis económica por la caída del bloque comunista, como la corrupción, el extendido robo al Estado y la poca producción, o la pirámide social invertida, donde gana más un plomero, electricista o taxista que un médico o ingeniero.
La ineficiencia y enorme burocracia generada en 50 años es un freno a los cambios y su disminución otro fuerte desafío. Raúl Castro puso el dedo en la llaga al anunciar un control de recursos, recorte de gastos y gradual eliminación de gratuidades y subsidios.
VIVA CUBA !!!


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